Masaje Metamórfico

El masaje metamórfico es una técnica que se aplica en las personas en puntos específicos en la cabeza, manos y pies, se utiliza como desbloqueo energético actuando a nivel celular.

Si bien no es considerado como una terapia alternativa, por que no cura enfermedades, sino que libera las trabas que el sujeto posee, dándole la posibilidad de cambio, de potenciar sus cualidades ocultas o latentes. Provoca una metamorfosis que la persona quizás no experimente conscientemente, pero que se vera reflejado en lo que haga y lo que piense posteriormente.

Esta técnica fue desarrollada por Robert John, y esta relacionado íntimamente con la reflexología podal, la cual demuestra que existen ciertos puntos en el pie que representan a los órganos del cuerpo. Con este masaje se reviven emociones de la vida del feto. Robert John dice que “algo vuelve a fluir, se mueve”. Por ello es recomendable que si la persona que esta siendo tratada, detenga el masaje si siente emociones fuertes.

En el pie se encuentra lo relacionado con la locomoción, y se trabaja desde el dedo gordo del pie hasta el talón. Las manos están conectadas con el hacer o actuar, los puntos donde se tocan, son el dedo mayor hasta la muñeca. Y la cabeza con las facultades mentales del sujeto, aplicándose una caricia que va desde la frente hacia la nuca. Cada zona se estimula en un tiempo exacto e igual.

Los registros se abren primero en la cabeza, para pasar a las manos y luego a los pies. El masaje específico comienza en el pie derecho que representa el presente, y luego se continúa con el pasado del sujeto, el pie izquierdo.

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Sin Título 3

Después de imaginarte tantas veces, de soñarte, de esperarte, ahí estas, mirando otro punto.

Te esperé por mucho tiempo, por varios días, por varias décadas, parecieran años añorándote, para que una tarde, de repente tus decisiones te hagan caminar por otras vías.

A mí, una casualidad, que no creo en ellas. Que creo que nada ocurre por puro azar. El destino tenía preparada una cachetada, pues a quién puedo echarle la culpa que elegí un camino distinto ese día, a que decidí llegar tarde a la cita.

Cuantas veces pensé que si no abría abandonado a mis compañeros aquella noche en que te conocí, en que no te registre, en que aún, metida en un laberinto del que deseaba salir, te cruzaste. Tantas veces pensé que si no fuera por esa personita que me dijo tomemos el camino largo, jamás hubieras interrumpido en mi vida, jamás estaría sentada delante de esta nostalgia.

Y ahí estabas, mirando para otro lado, como si no quisieras advertirme, como si quisieras evadirme. Pero yo miré. Me paré, te toqué, te sentí. Puse mi mano sobre tu cuerpo. Puse mi corazón en aquella mirada. Me desnudé de sentimientos mientras me hablabas como si ambicionaras huir.

Y mientras no pienso en esa puñalada del destino, mientras trato de evadir cada mirada, el tacto traiciona. Pues sí, sólo eres un recuerdo sensorial dentro de tantos retratos que almaceno, eres el sentir de todas las entidades que he visitado.

Sólo a ti puedo sentir como si estuvieras aquí. Te recuerdo con tanta vehemencia. Con tanto calor y con tanto frio. Con desarraigo. Interrumpiendo, como la primera vez, en mí camino.

Sin Título 2

Cada de vez que intento remediar el daño que tu presencia provocó, los pantallazos de nostalgia castigan mi desconsuelo. Si no es mi mente que golpea con recuerdos, es alguna situación similar la que te vuelve recurrente.
Las noches en que consigo sacarte de mi mente son tan pocas que resulta un martirio solo tu nombre.

Mientras mas intento comenzar desde cero, borrarte de mí, que el viento sople sobre la arena donde dejaste tu huella, mas está calmo. Es una correntada de recuerdos lo que me invade. Me digo basta. Me dicen basta. Comentan basta. Pero mientras más ferviente es esa palabra, mientras más insistente, más ausente la posibilidad de omitirte.

Esta incapacidad es lo que mas repudio de tu paso por mi lecho. La impotencia de no poder eliminar tu olor por más que otro cuerpo transpire en mis sábanas. Y será este, y será el que sigue, no puedo eliminar el hedor de tu pasión.

Y estando en contra o a favor de que existas, todo trae la melancolía de nunca ser mío. Las noches de pasión no fueron más que espinas que penetran y cada vez que escucho tu nombre es como si pisara sobre ellas.

Lo triste es que no vales cada lágrima. La crueldad más grande que arremeto en mi contra es que soy consciente de ello, y a pesar de todo, el sentimiento apesta a falsas esperanzas. A creer que quizás una ultima pizca de tu salado cuerpo roce el mío, y produzca el desencanto.

Lamento no poder dar lo prometido. Siento no castigar mi consciente. Sufro atarme a un cuerpo que solo lastima, que no ama, que no siente. Lamento lastimar al que quiere. Lamento no querer a esa mujer que sufre por la contrariedad, o por haber caído en la realidad. Lloro, por no poder darle un consejo. Lamento ser esa mujer.

Sin Título 1

Tanta somnolencia provoca rabia. Las palabras se atoran en mis manos y parecieran no querer que exprese lo que me revuelve las entrañas.

Trato de atar cabos, revuelvo mi pasado reciente. Pienso. Pienso. Que mal hace cavilar en factores que no podré trocar.

Volver la mirada a esa proyección trajo desde la fantasía lugares, momentos y accidentes, que, aun siguen buscando una explicación. Tanto volver una y otra vez cada noche, a aquellas madrugadas solo oprime más la poca razón que queda.

Mientras el nudo en mi estomago se endurece tu falsa presencia endurece el delirio, y entre tantos proyectos, entre tantos deberes y entre tanto quiero, siempre encuentro la forma de vincular todo a tu imagen.

Aun intento descifrar los cables que no conectan. Revuelvo en busca de algún detalle que logre enfurecerme. Algo que me aleje de tus recuerdos. O al menos que estos no sean el reflejo de la debilidad.

Y mientras más presente, más distante. Propongo alejarte con las cosas que hago. Con los actos cometidos en estados de ebriedad, y aunque resulten victoriosas mis batallas, el recuerdo táctil castiga.

Maldito bocadillo que deja sin aliento. No hay humo. No hay líquido. No hay sólido que sacie. No hay tiempo. No hay espacio.

Jugué creyendo que me percataba de las reglas. Jugué especulando que mi arte era grande. Jugueteé. Y enterada de todo ello, con la derrota en manos, vuelvo sobre cada paso para descifrar la falla… naturalmente no acerté a la travesura.

En la paz de chumbicha

La ruta nacional 38 me lleva cada fin de mes a unos 66 kilómetros de la capital catamarqueña. Mi destino es Chumbicha, mi pueblo natal. Su nombre proviene del quechua, y significa “lazos de venganza”, el mismo fue fundado en 1988 por Joaquín Acuña, tomando su denominación de un asentamiento ya existente.

Cada viernes a las 7 de la mañana, en la terminal de San Fernando, sale uno de los servicios que en 45 minutos llega al lugar. Ese viaje, corto, pero satisfactorio para mis ojos, muestra un camino rodeado por verdes campos cultivados de olivo.

Ya puedo sentir la cercanía, son poco antes de las 8 de la mañana, atravieso una curva y el cementerio del pueblo, sobre la ruta 38, hace su aparición. Un poco más adelante, la estación de servicio anuncia que ya estoy en los límites territoriales, doblando a la derecha, por una calle que parece una colina, me recibe Chumbicha.

El Sagrado Corazón, patrono de pueblo, me da la bienvenida. El colectivo recorre la avenida principal, Félix Nazar, hasta la parada, justo en donde dos esculturas hechas en cemento: un tomate y una mandarina, expresan las dos producciones más importantes.
Abandono el coche que me albergó durante casi 50 minutos, camino hacia mi hogar, mirando las calles desoladas de un sábado a la mañana, solo un hombre en bicicleta cruza en una de las calles, para ir, quizá, a comprar el pan.

Los árboles de mora visten las veredas y, ya, en la plaza, una ventisca que apenas mueve a las hamacas que esperan ansiosas la llegada de la tarde. Momento en que el lugar se llena de bullicio y alegría por los niños que lo invaden de la mano de sus padres o de la de alguna niñera o abuela, o los más audaces solos.

El ritmo del balanceo de los pinos acuna a las calles que siguen solitarias. Mi presencia es el único testigo de esa soledad.

Son las 8:15, el sol se expande a pleno y comienza a despertar a los más ancianos que comienzan a asomarse a las veredas de sus casas para barrerlas.

Con satisfacción, disfruto del aire puro entrando en mis pulmones, ya estoy lejos de los ruidos de la ciudad, y en contacto con la naturaleza. El clima también sienta bien, no hace calor en esta primavera, la calidez del aire se mantiene a unos 18 grados, aunque es temprano para dar un pronóstico.

Cerca del mediodía, las compras para el almuerzo son comunes, las mujeres encargadas de la tarea, se encuentran en la carnicería de Don Martoccia, cuando el sol ya esta comenzando a calentar el asfalto.

En mi casa, mi madre y mi abuela me esperan para darme la bienvenida. En el patio, el mate ya esta preparado, y un rico olor del pan casero que degustan cada sábado, a fin de mes. Hoy será una tarde calurosa, pero como es costumbre en el pueblo, la siesta – que no dura más de 2 horas- no deja sentir el tiempo.

Cuando cae la tarde, recorro la Avenida Argentina rumbo a un cerro donde hay una cruz blanca, puesta allí hace muchos años para que proteja al pueblo. Mientras recorro ese largo camino, miro observando el túnel que forman las copas de los árboles, y en el piso las marcas de los frutos, que en verano, los niños aplastan con sus bicicletas. Ya casi al final del recorrido, se encuentra la Capilla Nuestra Señora de Lujan, está cerrada, solo abre sus puertas para la celebración de las fiestas de la Virgen, cada año. En la plaza que lleva el nombre de la capilla, frente a la misma, cuatro niños juegan en las hamacas.

Ya estoy frente al camino que sube el cerro, no hay nadie en el lugar, pues no son muy comunes las visitas. Se escucha en medio de los árboles, un caballo relinchar, la soledad es inminente. Llegando al final de este inclinado camino, donde esa cruz añeja y maltratada por la lluvia, el sol, y el polvo, dan paz a los sentidos.

Flores de Bach

Dentro de las diversas terapias que existen y  son poco conocidas por el común de la agente, se encuentra el tratamiento con Flores de Bach, la cual utiliza las flores de plantas que contienen propiedades curativas.

Las flores de Bach son un tratamiento que se basa en sanar la energía vital (el aura como se lo llama en occidente), se considera que si esta ésta cargada de energía negativa es la que interfiere en el organismo y procura las enfermedades físicas. Por ello considera que las dolencias corporales, tienen arraigo en problemas emocionales, de pensamientos negativos, tanto como el dolor, el miedo, etc.

Como funcionan

Las flores de Bach son en total 38 esencias que están dirigidas a cada tipo de estado emocional, por lo que cada una interfiere en un estado específico de ánimo según lo que el paciente requiera. Par su preparación se corta las flores más perfectas y se exponen al sol en una vasija de vidrio lleno de agua, dejando reposar durante algunas horas. De esta manera el agua queda impregnada con la energía de las flores. Estas son:

  • Agrimonia
  • Álamo temblón
  • Haya
  • Centáurea
  • Ceratostigma
  • Cerasifera
  • Brote de Castaño
  • Achicoria
  • Clemátide
  • Manzano Silvestre
  • Olmo
  • Genciana de campo
  • Aulaga
  • Brezo
  • Acebo
  • Madreselva
  • Hojarazo o Carpe
  • Impaciencia
  • Alerce
  • Mímulo
  • Mostaza
  • Roble
  • Olivo
  • Pino
  • Castaño rojo
  • Jarilla
  • Agua de roca
  • Scleranthus
  • Leche de Gallina
  • Castaño Dulce
  • Verbena
  • Vid
  • Nogal
  • Violeta de agua
  • Castaño de indias
  • Avena silvestre
  • Rosa silvestre
  • Sauce  

Origen

Esta terapia lleva el nombre de su creador el Dr. Edgar Bach (Inglaterra, 1886). Quien al no estar satisfecho con los resultados de la medicinal tradicional, se dedico a investigar sobre las enfermedades crónicas situadas en el intestino, creando años después siete vacunas provenientes de bacterias.

Sin embargo, en tanto la aplicación de estas vacunas, se dio cuenta que cada una de ellas daba resultados diferentes según la personalidad del paciente. Al mismo tiempo que creía que lo que debía curar a sus pacientes eran remedios más naturales. De este modo, encontró diferentes flores que reunían algunas condiciones parecidas a las vacunas que había creado anteriormente.

En su adultez Bach deja la medicina para dedicarse a investigar plenamente el poder curativo de las flores con lo cual consigue durante los años 1930 y 1934, su terapia floral que incluye 38 remedios.

La psicología tiene su alternativa

Cuando conocí a Ariel Tinaro,  parapsicologo y además de ello ha estudiado diferentes terapias alternativas, tarot, mancias, etc.,  descubrí que en su larga currícula existía la Psicología Transpersonal. No pude evitar indagar sobre este descubrimiento y preguntarme que era esto de la psicología traspersonal que nunca antes había escuchado mencionar.

Ariel me explicó que esta terapia iba “más allá” de la terapia convencional, más allá del ser, que tiene como fin lograr niveles altos de bienestar  y salud psicológica, conectando la mente con el espíritu, y por ello “puede considerársela una terapia alternativa pero a su vez complementaria”.

Este modelo terapéutico se inicio en la década de los  60, los  factores que favorecieron su desarrollo, fueron la lectura de textos orientales, la meditación, etc., pero fueron los psicólogos humanistas, como Abraham Maslow, quienes se interesaron  por aquello que trascendía al ser humano, sus necesidades  e intereses, ya que consideraban que la terapia convencional (psicoanálisis, conductivismo y psicología humanística)  no atendía. De esta manera, Maslow denominaría a la psicología transpersonal como  “la cuarta fuerza de la Psicología”, la cual se encarga de ofrecer a las personas un desarrollo psicológico que supere el ego, el tiempo y el espacio y, brindar al paciente la posibilidad de encontrar en él los recursos necesarios para la solución de las dolencias que lo aquejan. Ya que trabaja con experiencias místicas y metafísicas de la vida para  colaborar a que las personas trasciendan el sentido de si mismo y así se conecten con una conciencia mayor.


Según los estudios realizados, esta terapia ve los resultados en cuanto se supera el ego y los intereses personales y se reflejan sentimientos y valores  de la bondad,  la belleza, el bienestar general. Pero para Ariel  “depende de la receptividad, la apertura o no del paciente” hacia aquella trascendencia.


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